
Hoy por hoy es difícil negar que Chile se encuentra en un momento histórico crucial que marcara las nuevas formas de gobernabilidad en nuestro país . La llegada de la Coalición por el Cambio al poder encabezada por Sebastián Piñera, traerá nuevos aires a un democracia, que se encontraba ya añejada, alejada de la mano de Dios y sin fuerza para llevar al país a las grandes ligas, en donde juegan los países desarrollados.
Como bien señala el sociólogo Adam Przeworki, lo que hace que las democracias sean sustentables son tanto sus instituciones, como su desempeño. “La democracia es sustentable cuando institucional promete objetivos normativamente deseables y políticamente deseados, como la igualdad, la justicia, la seguridad material y terminar con la violencia, y cuando al mismo tiempo, las instituciones son capaces de enfrentar las crisis si esos objetivos no llegar a cumplirse. Hay suficientes razones para creer que las distintas arquitecturas institucionales afectan el rendimiento de los sistemas democráticos. El problema es entonces encontrar alguna estrategia de reforma que simultáneamente logre recuperar el crecimiento y fortalecer la democracia”.
De las anteriores palabras se puede deducir cual era el gran problema que aquejaba a la Concertación, la cual si bien era cierto tenía la capacidad de gobernar el país, es que se quedo trabajando con una arquitectura añeja, descontextualizada y fuera de línea. Ejemplo de ello, era la buena gestión económica, pero una pésima inversión social, la cual más que dirigida a solucionar problemas se convertía en una verdadera medida parche, que sólo contribuía a esconder la infección que socavava el alma de país. Inseguridad ciudadana, incerteza social, infelicidad, delicuencia y falta de compromiso por las autoridades se convirtio en la tónica habitual en su forma de hacer gestión.
Como ellos no fueron capaces de darse cuenta de esto e inyectar nueva vida a sus lógicas y se quedaron solo en sus discursos añejos (o copiando otros de gente más joven), la ciudadanía optó por un cambio y este cambio debe traducirse no en buenas razones, si no en buenas acciones que impacten efectivamente en cada unos de los chilenos. Como país debemos entender que si Chile crece, crece para cada uno de nosotros, nuestros anhelos y metas pueden ser cumplidas y los límites sólo están dados por aquellos que no quieren mirar el futuro con optimismo si que no que prefieren quedarse anclados en el pasado y en sus propias ideas.
Un sabio refrán dice” todo lo pasado es mejor”, pero hago la pregunta ¿es mejor ver televisión en un televisor LCD o en uno a tubos?, ¿es mejor quedarse pensado en los imperativos categoricos Kantianos o echarle una mirada a teoría de sistemas o al pensamiento heurístico?. La verdad yo prefiero echarle una mirada a lo que viene, mirar el futuro con obtimismo y trabajar por un Chile mejor, y ojo eso no significa abandonar valores ni nada de eso, como sostendrían algunos chicos del otro bando.
Chile, necesita el compromiso de una nueva forma de gobernabilidad, Sebastián a sido claro en eso al señalar que se necesita hacer una democracia en donde primen los acuerdos país, más que los intereses políticos, una democracia en donde todos rememos el barco con el mismo rumbo, en donde se dejen de lado las disputas del pasado y se piense en la ciudadanía y en su felicidad. Esta nueva forma de democracia debe consistir en ponerse metas audaces, que unan y no dividan, detrás de las cuales sumemos los compromisos, aportes y voluntades de todos. Estas metas como señalado Sebastián en su programa de gobierno son básicamente cinco: superar la pobreza y las desigualdades excesivas, recuperar la capacidad de crecimiento y creación de empleos; empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y el narcotráfico; y mejorar de verdad la calidad y equidad de la salud y la educación.
Para lograr lo anterior se necesita Chile trabajando como un todo en post de un objetivo común, Chile es como una gran equipo, se necesita de cada uno de sus jugadores para ganar el partido, o si no simplemente estamos fritos. Debemos llevar este equipo a la élite, para esto debemos entrenar muy duro, sufrir dolor, golpes y aporreos, pero como dice un viejo refrán militar “sufrir en la paz, para ganar la guerra”. Por años nos hemos relajado como ciudadanos nos hemos convertidos en actores pasivos de lo que le ocurre a nuestro país, poco a poco ya no nos hacemos parte de los grandes procesos, como chilenos nos acostumbramos a las lógicas de la concertación la cual desde la cuna nos enseño que ellos tomaban la decisiones, de que había un gran dios llamado Estado y que dependíamos de la fuerza subsidiaria de este.
Es ahora en la nueva forma de democracia donde debemos darnos cuenta del llamado que se nos hace, no debemos ser entes pasivos, debemos ser constructores de nuestros destinos, somos los únicos responsables de esto, es hora de dejar la banca y comenzar a jugar el verdadero partido.
Profesionales Por el Cambio, Renovación Nacional.